Idas y vueltas no improvisadas

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Sofia Castro

La profesora Gykza de Spencer enseña en el Wisdom Academy, y es mi consejera. En su niñez sufrió mucho, pero adquirió las fuerzas necesarias y ahora es la mujer valiente, fuerte e inteligente que conozco.

Nació el 14 de agosto de 1982. Su padre era Ricaurte Chong (Panamá) y su mamá Mayola Cardona (Colombia). Completaba la familia su hermana mayor Carolina.

Llegamos a 1986. Panamá enfrenta la dictadura militar del general Manuel Antonio Noriega. En aquel entonces nace su hermana Paola. En esa época se mudan a Colombia, a la casa de su abuela, pero fue por un corto tiempo porque era tensa la relación entre la abuela y su hija Mayola.

Gykza era una niña muy feliz junto a sus hermanas. En 1989 nació su hermano Juan Sebastián. Sus papás tenían su propio negocio y económicamente estaba todo bajo control. Su hermana y ella asistieron a uno de los mejores colegios y vivían en uno de los mejores barrios.

Sí recuerda que comenzaron a presentarse muchos problemas entre sus padres. Era tan pequeña que no lograba entender lo que pasaba. Sus papás viajaban mucho y estuvieron mucho tiempo ausentes de la casa. Ella comprendía que lo hacían por trabajo y que gracias a esto gozaban de muchos privilegios. A pesar de que tenía a muchas personas para atenderlas, ella se encargó de sus hermanos, para que ellos no sintieran la ausencia de sus padres.

A raíz de todos estos viajes, sus padres decidieron que debían volver a Panamá, así que para 1994 su papá retorna a Panamá, para que cuando el resto de la familia llegara tuvieran todo listo. Pocos meses después llegan a Panamá, dejando todo lo que tenían en Colombia, y vuelven a iniciar de cero.

Entraron a un muy buen colegio en Panamá, vivían en una casa que, aunque no era tan grande y bonita como la anterior, era cómoda y con todo lo que necesitaban, pero esto no duró mucho. Llegaron los problemas económicos y con ellos los problemas familiares.

Pasaron de vivir en un lugar muy bonito a residir en el barrio chino, en un edificio horrible. Aun recuerda aquellos tiempos y lo primero que le viene a la cabeza es el olor a basura y orina que había al llegar a ese lugar. En ocasiones no tenían ni para comer, y en las noches no había agua en el inmueble.

Su papá comenzó a trabajar de salonero en fiestas y su mamá cosía ropa ajena. Gykza tenía 12 años y tuvo que madurar muy rápido. Iba al colegio y los fines de semana trabajaba con su papá como salonera para ganar dinero para ayudar con los gastos de su casa.

Ella recuerda aquella Navidad. Sus hermanos eran pequeños y ella le dice a su mamá que no le comprara nada, que mejor les diera alguito a sus hermanos. Ella ya había disfrutado de muchas navidades llenas de regalos.

La situación entre sus padres cada vez era más tensa. Escuchó gritos, malas palabras y golpes, y justo en ese momento el amor que sentía por su papá se convirtió en rencor.

Con el tiempo la situación económica empezó a mejorar, aunque siempre había altibajos. Pudieron salir de aquel lugar tan deprimente. Ella continuaba trabajando con su papá los fines de semana y ayudaba a su mamá en el taller de ropa.

Su papá entraba y salía de sus vidas. Cada vez las peleas aumentaban de intensidad. Eso la llevó a estar más cercana a su mamá y protegía a sus hermanos para evitarles tanto dolor.

En todos esos años entraban y salían de diferentes casas, debido a que en ocasiones había dinero y en otras no. Admiró tanto a su mamá porque a pesar de tantas situaciones, nunca dejó de luchar por sus hijos. Su papá era un ausente.

Se graduó del colegio en 1999, a los 17 años, e inició la universidad. Poco tiempo después conoció a Alexis Spencer, su futuro esposo. Ingresó a Derecho, pero interrumpió su educación al quedar embarazada, casi de manera seguida, de sus tres hijos: Alexis (nació en 2002), Isabel (2004) y Andrés (2005). Más tarde obtuvo la licenciatura de la enseñanza del inglés.

En 2018 Ricaurte Chong falleció por dificultades en el corazón.

Todas las cosas que le tocó vivir le enseñaron a nunca rendirse. De su mamá aprendió a ser la mujer fuerte que es hoy y la admira grandemente, y de su papá aprendió que, aunque se tomen malas decisiones, siempre se puede enmendar el camino.

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